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Blog Código, Los intolerantes no se atreven con el Islam ..

A Umberto Eco no le gusta el autor de bestsellers estadounidense Dan Brown, a quien considera como un ''intrigante que propaga informaciones falsas y se enriquece de material de descarte''

Categoría: Controversias

22 Mayo 2006

Documentos imprescindibles para entender El Código Da Vinci

Documentos imprescindibles para entender El Código Da Vinci

http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=12078&idNodo=-7

Índice de declaraciones:

-Raniero Cantalamessa, Predicador del Santo Padre (14 de abril de 2006)
-Monseñor Stanislaw Wielgus, Presidente del Consejo Científico de la Conferencia Episcopal polaca (29 de abril de 2005)
-Conferencia Episcopal mexicana (30 de marzo de 2006)
-Conferencia Episcopal de Ecuador (28 de abril de 2006)
-Monseñor Angelo Amato, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe
-Cardenal Francis Arinze, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos (7 de mayo de 2006)
-Monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, Argentina (8 de mayo de 2006)
-Conferencia Episcopal checa (8 de mayo de 2006)
-Monseñor Juan Luis Cipriani, cardenal arzobispo de Lima (11 de mayo de 2006)
-Cardenal Medina, Santiago de Chile (11 abril 2006) leer más

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22 Mayo 2006

Las claves de «El Código da Vinci» (I)

Las claves de «El Código da Vinci» (I)

ABC
Jesús Trillo-Figueroa
19-05-2006

Para alguien como yo, que saca en procesión todos los viernes santos a la Magdalena, le parece evidente cuál es la clave teológica que encierra la historia de «El Código da Vinci»: convertir a Magdalena en la novia y esposa de Cristo, con quien tiene un descendiente que continúa la dinastía de la «diosa femenina»; significa que se diluye la divinidad de Jesucristo y desaparece la trascendencia que supone la resurrección del crucificado. Jesús es tan solo «un maestro y profeta humano».

Por el contrario, para los cuatro evangelistas canónicos, María Magdalena está presente en la muerte y en la resurrección de Cristo. Ella es el testigo humano de ambos acontecimientos, y por lo tanto de la divinidad de su «maestro». A muchos les escandalizó siempre que a la primera persona que se apareció el Dios resucitado fuera a María Magdalena, de quien la tradición dice que era aquélla de la que habían salido siete demonios. Pero es justo, pues ella fue la más valiente, y leal en la primera hora, de entre los discípulos.

De lo que se trata en esta historia es de presentar un cristianismo sin resurrección, una religión sin trascendencia y, en consecuencia, una moral sin heteronomía, donde el bien y el mal lo decide la conciencia autónoma del hombre, que se cree dios; por eso se entiende el éxito que ha logrado, que, sin duda, sintoniza con el pensamiento hegemónico. La vida que propone este tipo de pensamiento necesita ser vivida desesperadamente, apurando la copa de cada momento, como si fuera a durar eternamente, sin preguntarse ni por el comienzo ni por el final. Pero «vana es nuestra fe sin la resurrección», como decía el apóstol Pablo; porque, en tal caso, tendrían razón aquellos filósofos que anunciaron la muerte de Dios. El cristianismo ya no sería una religión de vida y victoriosa: sería una religión de vencidos.

El problema de esta movida es que no se queda en una simple novela frívola, hecha para vender libros. La intención, según el propio autor, es transmitir un determinado pensamiento en materia de religión y una actitud ante la vida. Él dice ser cristiano, pero de un cristianismo sin un Cristo Dios: Jesús es un simple hombre testigo de la religión de la diosa. No es necesario negar el cristianismo, pues, como apuntaba Nieztsche, «hasta ahora el ataque al cristianismo no solamente es tímido, sino mal dirigido. El problema de su verdad es accesorio mientras no se ponga en cuestión el valor de su moral». Sin un Cristo resucitado, la moral cristiana habría sido una moral de muerte, a la que sólo le quedaría un tímido mensaje de caridad y de misericordia. Si el hombre no es capaz de trascendencia y no sale de su conciencia, la realidad carece de valor. La valoración será un acto del hombre, producto de sus instintos, de sus deseos, de su voluntad. Sin un orden trascendente, el alemán tendría razón: «En verdad los hombres se dieron a sí mismos su bien y su mal, no los hallaron, no los escucharon como una voz salida del cielo». Y de esto es de lo que se trata: de darle la vuelta a la tortilla, de trasmutar los viejos valores cristianos por los nuevos valores paganos. De convertir en norma el «reverso tenebroso», en lugar del anverso. De hacer de la moral cristiana, que sirve de guía para lograr la felicidad, un código de represión que hay que desterrar.

Esta nueva religión, con un Dios muerto, había sido anunciada por el maestro Eckhart y por Hegel. Según el oráculo Savater: «Dios venía agonizando de manera más o menos decorosa desde el renacimiento, fue la ilustración la que precipitó fulminantemente su fallecimiento... pero su hueco quedó repleto de sólidas instituciones». Por eso, en esta religión sin trascendencia, donde no hay diferencia entre lo temporal y lo espiritual, es posible cualquier mesianismo histórico. Y, por lo tanto, también la divinización de la política: una nueva religión secular, una nueva ideología fundamentalista, que prometa la salvación en la tierra, en la historia. En fin, instituciones tan sólidas como el comunismo o el nacionalsocialismo.

El nuevo cristianismo sin trascendencia que predica Dan Brown es una nueva versión de la diosa «Gea», del «deus sive natura» de Espinoza; de la divinización del cosmos. Al cabo, un nuevo panteísmo que sacraliza a la naturaleza, a la materia y al yo. Es una religión cuyo mensaje de esperanza se traduce en la muerte como una vuelta armoniosa a la madre naturaleza, de la que el hombre había salido. Es de nuevo el triunfo de la filosofía del absurdo, del sinsentido, de la nada. De la ausencia de finalidad que caracteriza a toda la metafísica moderna, y que tanto desesperó al siglo XX; pues solamente la resurrección da sentido a la vida, al menos en el cristianismo.

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21 Mayo 2006

La visión de la Iglesia en el Código da Vinci

La visión de la Iglesia en el Código da Vinci

Catholic News Service


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Joseph R. Thomas
6 de junio de 2003

De forma resumida se puede decir que “El Código Da Vinci” (Doubleday, 24,95 $, 454 páginas) es una novela exagerada y falsa.

Desde una visión cristiana se puede calificar de ofensiva, pese a su estilo y trama inteligentes. Esta novela deforma la historia de la Iglesia, disfrazando de modernidad a la antigua herejía Arriana, entretejiendo con retales históricos y pseudo-históricos una intriga que se pone en marcha con el asesinato en el Louvre de un famoso conservador del museo.

La novela de Brown, segunda de su personaje Robert Langdon, ha sido también muy elogiada y vendida. Esto se debe, sin duda, a la gran estrategia de márketing realizada por Doubleday, quien distribuyó 10.000 ejemplares gratuitos a los medios de comunicación. Según recoge New York Times, con ningún otro libro se había volcado así.

El relato se centra en los esfuerzos de Langdon y una policía francesa especialista en descodificaciones, Sophie Neveu, por resolver los trabajos inacabados de Jacques Sauniere, el abuelo de Sophie, que tiempo atrás murió por el disparo de una figura parecida a la de un monje albino que perseguía un secreto religioso del cual el único custodio sobreviviente era Sauniere. Previamente, también habían muerto tres guardas más.

Como el nombre de Langdon aparece en los códigos de Sauniere, inmediatamente se convierte enel principal sospechoso. Así se ve obligado a aliarse con Sophie para evadir a la policía mientras descifran las pistas. Pistas que, por supuesto, también son de interés para los asesinos, quienes, tras la muerte de Sauniere, se encontraban en un callejón sin salida.

Sin embargo, como podrá imaginar, nada es tan sencillo como parece. Sauniere, resulta ser el jefe de una sociedad secreta, el Priorato de Sion, dedicada a la protección de documentos históricos que niegan la divinidad de Jesús. Además, el misterioso monje es un miembro del Opus Dei que obedece a las indicaciones del obispo que está a la cabeza de dicha sociedad. Detrás de ellos existe otra figura vaga conocida como el “Teacher”.

(Esta es al parecer la percepción que tiene el autor sobre el Opus Dei: la de una sociedad de alta influencia en la Iglesia. También fue retratada con un perfil cruel en un reciente relato de espionaje, “El Confesor”)

Gracias a las pistas de Sauniere, los personajes encuentran distintos documentos. Estos documentos remiten a conocidas pinturas de Leonardo da Vinci, entre ellas “La Mona Lisa” y “La Última Cena”, en las cuales hay otras pistas relacionadas con el secreto (de ahí el titulo de la novela).

Ahora, si a usted le producen mal humor las reseñas que ofrecen demasiados detalles sobre una intriga (son los detalles, después de todo, lo que hacen a un misterio alcanzar esa categoría), lo mejor que puede hacer es pararse aquí y continuar con su trabajo.

El secreto de Brown sobre el Santo Grial.

Por supuesto, el Santo Grial no es el cáliz de las Cruzadas y las leyendas del rey Arturo, si no el seno o matriz de María Magdalena.

Brown nos narra, a través de la explicación que Langdon hace a Sophie, que en la representación de la última cena de Da Vinci la figura recostada sobre Jesús, generalmente conocida como uno de los apóstoles, en realidad se trata de la Magdalena. Ella se permite eso porque Jesús, que es un gran hombre pero un hombre como cualquier otro, es su marido.

"El Código Da Vinci" se sumerge profundamente en el mundo de la imaginación, cuando Sophie se identifica como descendiente directa de aquella unión. Éste también era otro de los secretos que Sauniere había estado protegiendo, evitando incluso que Sophie llegara a conocerlo.

A todo esto, se incluye un ritual sexual "espiritual" que provocó que Sophie durante 10 años eludiera encontrarse con su abuelo. Esto se relaciona con la supresión del “carácter sagrado del sexo femenino” por parte del cristianismo.

Una característica de esta supresión es la manipulación del canon de la Escritura por los primeros cristianos.

Por medio de sus personajes, Brown también postula que esta supresión fue el factor determinante por el cual se fomentaron las actitudes que condujeron a la muerte de 5 millones de mujeres durante la inquisición.

Se puede afirmar, desde luego, que el autor tiene una gran inventiva. Pero Brown mezcla hechos reales con especulación y fantasía de tal manera que el resultado final cobra fácilmente cierta verosimilitud. En un escritor, esta habilidad para hacer verosímil una historia tiene un gran valor. Pero, como cualquier habilidad, puede ser utilizada de forma honesta o deshonesta.

En "El Código Da Vinci" esta habilidad se utiliza para poner en duda la base de la fe cristiana y atacar a la Iglesia en un formato –el de la novela- en el que el lector no espera encontrar argumentos enmascarados como verdades históricas.

Thomas, redactor principal retirado del “The Christophers” y un antiguo redactor del periódico diocesano, realiza frecuentemente críticas literarias.

Copyright 2003 Catholic News Service

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